El
"Rosario
Viviente", fundado por una laica dominica francesa,
Pauline Jaricot, en 1826, y aprobado por Gregorio XVI, el
27 de enero de 1832, a la que se unen todos los que se comprometen
a meditar diariamente un misterio del Rosario.
Junto a muchísimas otras personas, que aún
no perteneciendo comparten el espíritu, estas asociaciones
forman la llamada ‘familia dominica del Rosario’.