CATEQUESIS SOBRE
EL SANTO ROSARIO

Doctrina de la Iglesia
 

Autor: Fr. Carlos Lledó López O.P.

 

 

 
   
Guía didáctica apropiada para
Sacerdotes, Religiosos y Catequistas.
 



 

5 - EL ROSARIO EN LA DOCTRINA DE LA IGLESIA.



 

La importancia del Rosario viene confirmada por la doctrina de la Iglesia. No menos de 57 Papas y más de 500 documentos pontificios lo avalan con su autoridad. Recordamos la doctrina de los últimos Pontífices:
 

LEÓN XIII.

Presenta el Rosario como "Fórmula eximia y excelente de oración" y "Santísima devoción".


S. PÍO X.


El Rosario es “la oración por excelencia” de los medios más eficaces para obtener gracias del Cielo.
 

BENEDICTO XV.

El Rosario es instrumento para alcanzar la paz que Europa y el mundo necesitan.
 

PÍO XI.

Destaca el poder espiritual del Rosario para librarnos del mal y alcanzar el bien.
 

BEATO JUAN XXIII.

El Rosario tiene su lugar después de los sacramentos para los fieles, y después de la Liturgia de las Horas, para los sacerdotes.
 

SIERVO DE DIOS PABLO VI.

Destaca la Exhortación Apostólica Marialis cultus. Desarrolla el sentido cristocéntrico y mariano del Rosario. Cómo es medio para contemplar y configurarnos con Cristo, para agradar a Nuestra Señora, para alcanzar la paz… Lo enmarca en el Concilio Vaticano II: en Lumen Gentium y en Sacrosantum Concilium. Tiene su lugar después de la Liturgia de las Horas.


SIERVO DE DIOS JUAN PABLO II.

"Cada grupo que se reúne a rezar el Rosario es un regalo para la causa del Reino de Dios. Sí, donde dos o tres se reúnen en el nombre de Cristo, allí está Él" (A Obispos USA,10.6.89; OR.1,029 [89] 7).

"El Rosario es mi oración predilecta. ¡Plegaria maravillosa!. Maravillosa en su sencillez y en su profundidad. En esta plegaria repetimos muchas veces las palabras que la Virgen María oyó del Arcángel y de su prima Isabel. Palabras a las que se asocia la Iglesia entera.

EL Rosario es en cierto modo un comentario-oración a Lumen Gentium VIII: Presencia de María en el misterio de Cristo y de la Iglesia. En el trasfondo de las Avemarías pasan los episodios principales de Cristo y de la Iglesia. Sus misterios gozosos, (luminosos) dolorosos y gloriosos nos ponen en contacto vital con Jesucristo a través del corazón de su Madre. Y nuestro corazón puede incluir en las decenas del Rosario, los hechos de la vida individual, familiar y social, la nación, la Iglesia, la humanidad. Experiencias personales o del prójimo que llevamos en el corazón. Así, el Rosario sintoniza con el ritmo de la vida humana... A todos os exhorto o recitarlo fervorosamente" (Ang.29, Oct. 78).

Invita a rezar con Él, la oración del B. Bartolomé Longo: "Oh Rosario Bendito de María, dulce cadena que nos vuelves a unir con Dios, vínculo de amor que nos unes a los ángeles. Torre de salvación en los asaltos del infierno. Puerto seguro en el naufragio común, nosotros no te dejaremos jamás. Tú serás consuelo en la hora de la agonía, a ti el último beso de la vida que se apaga. Y el último acento de nuestros labios será tu nombre suave, oh Reina del Rosario (de Pompeya), oh Madre nuestra querida, oh Refugio de los pecadores, oh Soberana consoladora de los afligidos, seas bendita en todas partes, hoy y siempre, en la tierra y en el cielo. Amén. - Dios te salve Reina y Madre..."

"El Rosario es contemplación de Cristo en sus misterios, en íntima unión con María Santísima. La espiritualidad contemporánea siente vivamente la exigencia de ir, por decirlo así, a lo esencial. Por eso, se está llevando a cabo hoy un prometedor redescubrimiento de la auténtica naturaleza del Rosario, como plegaria que ayuda a estar en compañía de Cristo, para conocerlo mejor, asimilar sus enseñanzas y vivir su misterio. ¿Y quién mejor que María puede acompañarnos en este itinerario de la mente y del corazón? Este es el sentido de la repetición del Ave María, que constituye la trama sobre la cual se desarrolla la contemplación de los misterios" (M.C.46; O.R.1.712 [19.10.01] 454.

«El mes de octubre es tradicionalmente dedicado por la Iglesia a redescubrir el Rosario, oración tradicional, tan sencilla y al mismo tiempo tan profunda».

«El Rosario es un camino de contemplación del rostro de Cristo realizado -por así decir- con los ojos de Maria. Por tanto, es una oración que, si se arraiga en el corazón mismo del Evangelio, está en plena sintonía con la inspiración del Concilio Vaticano II».

El Rosario está «en perfecta línea con la indicación que he dado en la carta apostólica Novo millennio ineunte: es necesario que la Iglesia reme "mar adentro" en el nuevo milenio, recomenzando la contemplación del rostro de Cristo». «Deseo encomendar a la oración del Rosario, una vez más, la gran causa de la paz Estamos ante una situación internacional llena de tensiones, en ocasiones incandescentes».

«Precisamente en esta perspectiva, el Rosario se revela una oración particularmente indicada. Construye la paz, pues siembra en quien lo reza esa semilla de bien, de la que se pueden esperar los frutos de justicia y de solidaridad en el vida personal y comunitaria».

«¡Cuánta paz se aseguraría en las relaciones familiares, si se retomara el rezo del Santo Rosario en la familia » (Ángelus, 29. 09. 02).

Destaca Carta Apostólica “Rosarium Virginis Mariae”, verdadera síntesis teológica del Rosario y testamento espiritual del Siervo de Dios. Recomendamos su lectura. la Carta se encuentra en nuestra Web.
 

BENEDICTO XVI.

Ángelus, apertura del Sínodo sobre la Eucaristía. Domingo 2 Octubre de 2005.

Encomendémonos con confianza, sobre todo a la bienaventurada Virgen María, a quien veneraremos el próximo 7 de octubre con el título de Virgen del Rosario. El mes de octubre está dedicado al santo Rosario, singular oración contemplativa con la que, guiados por la celestial Madre del Señor, fijamos la mirada en el rostro del Redentor para ser conformados en su misterio de alegría, de luz, de dolor y de gloria. Esta antigua oración está experimentando un providencial reflorecimiento, gracias en parte al ejemplo y a la enseñanza del querido Papa Juan Pablo II. Os invito a releer su carta apostólica «Rosarium Virginis Mariae» y a llevar a la práctica sus indicaciones a nivel personal, familiar y comunitario. Confiamos a María las labores del Sínodo: que ella conduzca a la Iglesia entera a una conciencia cada vez más clara de su propia misión al servicio del Redentor, realmente presente en el sacramento de la Eucaristía.
 

Ángelus, 16 de Octubre de 2005 (27º elección Juan Pablo II).

Queridos hermanos y hermanas: Hace 27 años, un día como éste, el Señor llamó al cardenal Karol Wojtyla, arzobispo de Cracovia, para suceder a Juan Pablo I, fallecido poco después de un mes de su elección. Con Juan Pablo II comenzó uno de los pontificados más largos de la historia de la Iglesia, durante el que un Papa, «venido de un país lejano», fue reconocido como autoridad moral incluso por muchas personas no cristianas y no creyentes, como lo demostraron las conmovedoras manifestaciones de cariño con motivo de su enfermedad y de profundo pésame después de su muerte. Ante su tumba, en las grutas vaticanas, continúa todavía sin interrupción la peregrinación de muchísimos fieles y esto constituye también un signo elocuente de hasta qué punto el querido Juan Pablo II ha entrado en el corazón de la gente, sobre todo por su testimonio de amor y de entrega en el sufrimiento. En él hemos podido admirar la fuerza de la fe y de la oración, y la manera en que se encomendó totalmente a María Santísima, quien siempre le acompañó y protegió, especialmente en los momentos más difíciles y dramáticos de su vida.

Podríamos definir a Juan Pablo II como un Papa totalmente consagrado a Jesús por medio de María, como lo manifestaba claramente su lema: «Totus tuus». Fue elegido en el corazón del mes del Rosario, y el Rosario, que con frecuencia llevaba entre sus manos, se convirtió en uno de los símbolos de su pontificado, sobre el que veló la Virgen inmaculada con materna solicitud. A través de la radio y de la televisión, los fieles del mundo entero pudieron unirse en muchas ocasiones a él en esta oración mariana y, gracias a su ejemplo y enseñanzas, redescubrir su sentido auténtico, contemplativo y cristológico (Cf. carta apostólica «Rosarium Virginis Mariae», 9-17).

En realidad, el Rosario no se contrapone a la meditación de la Palabra de Dios y a la oración litúrgica; es más, constituye un complemento natural e ideal, en particular como preparación y como acción de gracias a la celebración eucarística. Contemplamos al Cristo encontrado en el Evangelio y en el Sacramento en los diferentes momentos de su vida gracias a los misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos. En la escuela de la Madre, aprendemos así a conformarnos con su Hijo divino y a anunciarlo con nuestra misma vida. Si la Eucaristía es para el cristiano el centro de la jornada, el Rosario contribuye de manera privilegiada a dilatar la comunión con Cristo, y educa a vivir manteniendo fija en Él la mirada del corazón para irradiar sobre todos y sobre todo su amor misericordioso.

Contemplativo y misionero: así fue el querido Papa Juan Pablo II. Lo fue gracias a la íntima unión con Dios, alimentada cotidianamente por la Eucaristía y por prolongados momentos de oración.

En el momento del Ángelus, para él tan querido, es dulce y un deber recordarle en este aniversario, renovando a Dios la acción de gracias por haber dado a la Iglesia y al mundo un sucesor tan digno del apóstol Pedro. Que la Virgen María nos ayude a hacer un tesoro de su preciosa herencia.


Audiencia general. Exhortación a rezar el Rosario. 17 de Mayo de 2006.

Benedicto XVI se despidió de los 45.000 peregrinos presentes este miércoles en la audiencia general invitándoles a rezar el Rosario, como «momento de crecimiento espiritual».

Antes de dejar la plaza de San Pedro, el Papa saludó en particular a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, que habían venido con sus trajes de bodas, para exhortarles a todos «a intensificar» esta oración, «especialmente en este mes de mayo, dedicado a la Madre de Dios».

«Queridos jóvenes: os invito a valorar esta tradicional oración mariana que ayuda a comprender mejor los momentos centrales de la salvación realizada por Cristo».

«Queridos enfermos: os exhorto a dirigiros con confianza a la Virgen, a través de este ejercicio de piedad, confiándole todas vuestras necesidades».

Por último, a los recién casados, les invitó a «hacer del rezo del Rosario en familia un momento de crecimiento espiritual bajo la mirada de la Virgen María».


 

Rezo del Rosario en el Santuario de la Virgen del Amor Divino en "Castel di Lava". Los misterios gozosos. 2 de Mayo de 2006.

…Hemos rezado el santo Rosario, recorriendo los cinco misterios «gozosos», que pasan ante los ojos de nuestro corazón los inicios de nuestra salvación, desde la concepción de Jesús por obra del Espíritu Santo, en el seno de la Virgen María, hasta encontrarle, cuando ya tenía doce años, en el Templo de Jerusalén, mientras escuchaba e interrogaba a los doctores. Hemos repetido las palabras del ángel: «Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo», así como las expresiones con las que Isabel acogió a la Virgen, que inmediatamente había ido para ayudarle y ponerse a su servicio. «Bendita tú eres entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre». Hemos contemplado la fe dócil de María, que se fía sin reservas de Dios y se pone totalmente en sus manos. Nos hemos sentido también nosotros, con los pastores, cerca del Niño Jesús, que yace en un pesebre y hemos reconocido y adorado en Él al Hijo eterno de Dios, que por amor se hizo nuestro hermano, y de este modo, nuestro único Salvador.

También nosotros hemos entrado con María y José en el Templo para ofrecer el Niño a Dios y cumplir con el rito de la purificación: y se nos han anticipado, con las palabras del anciano Simeón, la salvación, la contradicción y la cruz, y esa espada que, bajo la cruz del Hijo, atravesará el alma de la Madre y, de este modo, hará que no sólo sea madre de Dios, sino también nuestra madre común.


Ángelus. El valor del Rosario. 1 de Enero de 2006.

Hoy, primer día de octubre, desearía detenerme en dos aspectos que, en la Comunidad eclesial, caracterizan este mes: la oración del Rosario y el compromiso por las misiones. El día 7, sábado próximo, celebraremos la fiesta de la Virgen del Rosario, y es como si, cada año, Nuestra Señora nos invitara a redescubrir la belleza de esta oración, tan sencilla y profunda.

El amado Juan Pablo II fue gran apóstol del Rosario: le recordamos arrodillado con la corona (el Rosario) entre las manos, inmerso en la contemplación de Cristo, como él mismo invitó a hacer con la Carta Apostólica «Rosarium Virginis Mariae».

El Rosario es oración contemplativa y cristocéntrica, inseparable de la meditación de la Sagrada Escritura. Es la oración del cristiano que avanza en la peregrinación de la fe, en el seguimiento de Jesús, precedido por María. Desearía invitaros, queridos hermanos y hermanas, a rezar el Rosario durante este mes en familia, en las comunidades y en las parroquias por las intenciones del Papa, por la misión de la Iglesia y por la paz del mundo…
 

El Rosario en familia. 8 de Octubre de 2006.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, especialmente a los feligreses de la Basílica de Nuestra Señora de las Angustias, de Granada. Reitero la invitación a rezar el Santo Rosario también en familia, para que la intercesión maternal de la Virgen María ayude a los esposos a vivir fielmente su compromiso matrimonial y a fortalecer la unidad en todos los hogares.

En los jardines vaticanos. 31 de Mayo de 2007.

Meditando los Misterios Gozosos del Santo Rosario, habéis subido a esta colina donde habéis revivido espiritualmente, en el relato del evangelista Lucas, la experiencia de María, que desde Nazaret de Galilea «se puso en camino hacia la montaña» (Lc. 1,39) para llegar a una aldea de Judá donde vivía Isabel con su Marido Zacarías.

¿Qué impulsó a María, una muchacha joven, a afrontar aquel viaje? ¿Qué, sobre todo, le empujó a olvidarse de sí misma para pasar los primeros tres meses de su embarazo al servicio de su prima, necesitada de ayuda? La respuesta está escrita en un Salmo: «Corro por el camino de tus mandamientos, [Señor], pues tú mi corazón dilatas» (Sal 118,32). El Espíritu Santo, que hizo presente al Hijo de Dios en la carne de María, dilató su corazón a las dimensiones del de Dios y le impulsó por la vía de la caridad. La Visitación de María se comprende a la luz del acontecimiento que le precede inmediatamente en el relato del Evangelio de Lucas: el anuncio del Ángel y la concepción de Jesús por obra del Espíritu Santo. El Espíritu Santo fue sobre la Virgen, el poder del Altísimo le cubrió con su sombra (v. Lc 1,35). Aquel mismo Espíritu le impulsó a «levantarse» y a partir sin tardanza (v. Lc 1,39), para ser de ayuda a su anciana pariente. Jesús apenas ha comenzado a formarse en el seno de María, pero su Espíritu ya ha llenado su corazón, de forma que la Madre comienza ya a seguir al Hijo divino: en el camino que de Galilea conduce a Judá es el mismo Jesús el que «impulsa» a María, infundiéndole el ímpetu generoso de salir al encuentro del prójimo que tiene necesidad, el valor de no poner por delante las propias y legítimas exigencias, dificultades, peligros para su propia vida. Es Jesús quien le ayuda a superar todo dejándose guiar por la fe que actúa por la caridad (v. Ga 5,6).

Meditando este misterio, vemos bien qué significa que la caridad cristiana sea una virtud «teologal». Vemos que el corazón de María es visitado por la gracia del Padre, es penetrado por la fuerza del Espíritu e impulsado interiormente por el Hijo; esto es, vemos un corazón humano perfectamente introducido en el dinamismo de la Santísima Trinidad. Este movimiento es la caridad, que en María es perfecta y se convierte en modelo de la caridad de la Iglesia, como manifestación del amor trinitario (Encíclica Deus caritas est, 19). Todo gesto de amor genuino, también el más pequeño, contiene en sí un destello del misterio infinito de Dios: la mirada de atención al hermano, hacerse cercano a él, compartir su necesidad, atender sus heridas, la responsabilidad por su futuro, todo, hasta en los más mínimos detalles, se hace «teologal» cuando está animado por el Espíritu de Cristo. Que María nos obtenga el don de saber amar como Ella supo amar…
 

CONCLUSIÓN.

La oración del Rosario nos ayuda a crecer en el conocimiento, amor e imitación de Cristo, nos introduce en el corazón de la Iglesia y a sentir con Ella. Es medio para ayudar a la santificación personal, a la unidad de la familia, a la conversión de los pecadores y a la salvación del mundo.

         



                      

                        

         

         
    

 

 


      Elaborado por Fr. Carlos Lledó López, O.P.