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MEDITACIONES PARA EL AÑO LITÚRGICO
Guía didáctica
apropiada para
Sacerdotes, Religiosos y Catequistas.
NOVENO
DOMINGO – CICLO A
La Virgen María nos brinda el Rosario como medio
para recordar, meditar y contemplar la vida de Cristo. De esta manera,
aprendemos que Cristo es nuestra salvación. El Rosario nos ayuda a
grabar en el corazón las palabras de Cristo y nos ayudan a cumplir la
voluntad del Padre.
PRIMERA LECTURA. Deuteronomio 11,
18. 26-28
La fidelidad a la voluntad de Dios.
Moisés reclama fidelidad a la palabra de Dios revelada en los
Mandamientos. No olvidarla, practicarla: Meteos mis palabras en el
corazón y en el alma, atadlas a la muñeca como un signo y ponedla de
señal en vuestra frente.
Exigencia que llega hasta nosotros: cumplir los Mandamientos de la Ley
de Dios, buscando el querer divino en todas las cosas.
Los dos caminos.
Moisés propone dos caminos que hemos de escoger consciente y libremente:
el de la bendición (o salvación) por la obediencia a Dios, y el de la
maldición (o condenación) por la desobediencia.
Dios quiere respetar nuestra libertad responsable. Por eso, espera
nuestro Sí. Decimos Sí a su Voluntad, Sí a sus Mandamiento, y nos
decidimos por el camino del bien. Él nos bendecirá y ofrecerá los medios
de salvación en Cristo.
Invocación mariana.
Virgen del Rosario, Madre de la fidelidad. Tú dijiste Sí, consciente y
libremente, al plan de Dios. Él te bendijo en plenitud.
Enséñanos a decir sí al plan de Dios con todas sus consecuencias. Que
nuestra vida, en comunión contigo, sea un sí sostenido al Padre.
SEGUNDA LECTURA. Romanos, 3, 21-25ª.
28.
La fidelidad conduce a la justicia.
La fidelidad a Dios es el camino de la justicia que es la salvación. La
salvación nos ha sido dada por Jesucristo que es el que justifica
gratuitamente con su gracia a todos los que creen en Él.
La justicia nos viene de Cristo.
Todos hemos nacido en pecado original privados de la gloria de Dios.
Todos somos justificados gratuitamente por la sangre redentora de Cristo
e, igualmente, nos serán perdonados los pecados personales cometidos
después del Bautismo.
Cristo es la única Víctima capaz de reparar la dimensión infinita del
pecado. De esta manera, Cristo nos restaura como hijos adoptivos del
Padre, nos hace partícipes de su gracia y herederos de la gloria.
Por lo tanto, si queremos salvarnos, hemos de adherirnos a Cristo
libremente y vivir según su Evangelio en la Iglesia.

Invocación mariana.
Santa María: Tú has sido privilegiadamente redimida –justificada- por
Cristo porque estabas predestinada a ser la Madre de Dios.
Enséñanos a vivir en comunión con tu Hijo, saliendo de toda situación de
pecado y perseverando en la vida de la gracia, usando los medios que tu
Hijo, nuestro Redentor nos ofrece en la Iglesia, especialmente los
sacramentos de la Reconciliación y de la Eucaristía.
TERCERA LECTURA. San Mateo, 7, 1-27.
Cristo, camino cierto de salvación.
El camino de la salvación es vivir la vida de Dios que nos ha sido dada
por Jesucristo en la Iglesia. Es cumplir la voluntad del Padre que nos
ha sido revelada por el mismo Cristo en el Evangelio. Por eso, Cristo es
el camino cierto de salvación, como Él mismo afirma: Yo soy el camino,
la verdad y la vida (Jo. 14, 6). Es la puerta segura de la salvación: Yo
soy la puerta; el que por mí entrare se salvará… (Jo.10. 9).
Cristo es la roca firme.
Por lo tanto, hemos de construir nuestra vida cristiana sobre la roca
firme que es Jesucristo. Seremos como el hombre prudente que edificó su
casa sobre roca, resistiendo los embates de la lluvia, de las
inundaciones, de los vientos, superando todas las adversidades.
Estaremos cumpliendo la voluntad del Padre y seremos reconocidos por
Cristo para siempre.
Construyamos nuestra vida sobre Cristo.
Construimos nuestra vida sobre Cristo cuando tenemos una fe viva y
activa. Fe viva porque perseveramos en la vida de la gracia. Fe activa
porque nuestras obras son coherentes con la fe que profesamos. Entonces,
nuestra vida cristiana será creíble y atractiva.
Invocación mariana.
Santa María: Cristo es el fundamento de tu vida, su razón de ser y la
fuerza de su testimonio desde el Fiat hasta la pasión, muerte y
resurrección. Danos la gracia que necesitamos para que Cristo sea
nuestra vida por la perseverancia en la gracia y la fuerza de nuestro
testimonio cristiano con todas sus consecuencias. Madre: que Cristo sea
la roca firme sobre la que nos apoyamos.
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